viernes, 10 de abril de 2015

Navegante Explorador : Fernando de Magallanes

Fernando de Magallanes (1480-1521):

Este navegante portugués fue el descubridor del estrecho austral que lleva su nombre, y que comunica los océanos Atlántico y Pacífico. La expedición que lo llevó hasta él dió la vuelta al mundo por primera vez, aunqe murió antes de completar la hazaña. Pertenecía a una noble familia lusitana. 

Nació en la región de Trás-os-Montes hacia 1480. En 1505 se integró en la expedición de Francisco de Almeida, el primer virrey portugués del lejano oriente, que debía contener el poderío musulmán en Africa y la India. Formó parte de la expedición de Lope de Siqueira que estuvo en Malaca (1509). En el Consejo de capitanes para la conquista de Goa opinó en contra de los planes del virrey y perdió el favor real. El segundo virrey Alfonso de Albuquerque logró una serie de éxitos en su plan de expansión. 

Atacó Calicut, conquistó Goa (1510), y ocupó Malaca. Como las peticiones y proyectos de Magallanes a Don Manuel el Afortunado eran rechazados, marchó a España para ofrecer sus servicios a Carlos I (luego emperador Carlos V). Según el tratado de Tordesillas, España había adquirido la posesión de las tierras occidentales de América, entonces, los españoles vieron la necesidad de hallar un canal que comunicara los océanos Atlántico y Pacífico a través de América, a fin de utilizarlo en el camino hacia la India evitando la ruta del cabo de Buena Esperanza, que quedaba dentro del dominio portugués. Juan Díaz de Solís había buscado el paso en 1515, los que pudieron regresar de esta expedición se equivocarían al creer haberlo descubierto en el estuario de la Mar Dulce (mar del Plata). Magallanes propuso al Rey emprender la búsqueda de ese canal, proposición que fue aceptada en 1518. El encargo consistía en descubrir una vía que permitiera alcanzar las Islas Molucas, en el Pacífico Sur, ricas en especias

Las capitulaciones firmadas por Magallanes y su compañero Rui Faleiro, preveían que a ellos y a sus descendientes les correspondería el gobierno de todas las tierras que encontraran, además de una vigésima parte de las ganancias que obtuvieran de sus decubrimientos. La corona española proporcionó las cinco naves que realizaron la expedición, las cuales fueron equipadas en el Puerto de Sevilla: la "Trinidad", la "San Antonio", la "Concepción", la "Santiago" y la "Victoria". Sólo esta última sobrevivió a la travesía y de los 250 hombres que emprendieron viaje sólo lo lograron 17.

La búsqueda del paso al mar del Sur:

La expedición partió de Sanlúcar el 20 de septiembre de 1519 y se dirigió al suroeste. Ese año el descubridor del mar del Sur, Balboa, era acusado de traición y ejecutado por Pedrarias Dávila en Panamá. La expedición de Magallanes llegó dos meses más tarde al Brasil. El 13 de diciembre entra en la bahía de Río de Janeiro. Bordeando la costa se adentró por el estrecho que después llevaría su nombre hasta llegar el 21 de octubre a un mar desconocido. La exploración del Mar Dulce convenció a Magallanes de que aquel no era el paso buscado y siguió navegando hacia el sur internándose en cada bahía hasta llegar a San Julián, en Patagonia. Allí tomaron contacto con hospitalarios indígenas de talla alta, que envolvían sus pies en pieles y dejaban grandes huellas al caminar por la nieve. Los llamaron patagones, hoy conocidos como tehuelches. Esperó en San Julián la llegada de la primavera. Tuvo que sofocar una rebelión. Dos de sus cabecillas fueron ejecutados y otros dos abandonados en aquellas frías costas cuando se reinició la exploración. 

El 21 de octubre llegó al cabo Vírgenes. Un minucioso reconocimiento confirmó que había encontrado el paso. Lo llamó Estrecho de Todos los Santos. Una de sus naves se amotinó y regresó a España. Tardó más de un mes en cruzar las turbulentas aguas del estrecho y encontrar el mar tranquilo al que le dio el nombre de Pacífico. Las naves exploraron el sur de Chile y luego pusieron rumbo noroeste, hacia las Molucas, que suponían cercanas. Pero el viaje se hizo interminable y muy pronto se quedaron sin agua y alimentos. Navegó seis meses hacia el oeste hasta anclar en el archipiélago de Guam donde pudo aprovisionarse.


Filipinas:
Filipinas. Mapa portugués
Empujada por los alisios, la expedición arribaría doce días más tarde a unas islas reverdecientes de luminosas playas, en donde los indígeneas congregados saludaban amistosamente. Magallanes puso el ancla en Cebú y tomó posesión de las islas en nombre del rey de España. Aquel día 16 de marzo de 1521, las futuras islas Filipinas recibirían el nombre de San Lázaro. En la jornada del 14 de abril bautizaron a un millar de indígenas, empezando por su jefe, Humabón. Este se hallaba en guerra con Lapu Lapu, jefe de la isla de Matcán, situada frente a la de Cebú. Magallanes decidió tomar el partido del nuevo cristiano, Humabón, y desembarcó en Matcán, acompañado por unos cincuenta hombres (27 abril 1521). Una lluvia de flechas los recibió y los españoles huyeron rápidamente hacia su embarcación. Magallanes, cojo y chapoteando en el cieno, se quedó solo y los indígenas de Matcán le dieron muerte. Humabón, a ver que los españoles volvían sin su jefe y comprendiendo que no eran invulnerables pese a los amuletos de su religión, les preparó una trampa y dio muerte a unos veinte. Carvallo, el ayudante de Magallanes, decidió proseguir la expedición. Pero, como sólo podía contar con 108 hombres, número insuficiente para maniobrar las tres naves que les quedaban, ordenó quemar una de ellas, la Concepción.

Llegaron luego a la costa nordeste de Borneo, en donde uno de los sultanes los acogió amistosamente. Se dirigieron después hacia el Sureste, para cargar sus bodegas de especias; hicieron escala en Timor y llegaron a las Molucas, en donde los portugueses allí establecidos les hicieron saber que una flotilla de Portugal les estaba buscando para capturarlos. Se apresuraron a huir, abandonando otro navío, el Trinidad, que hundieron ex profeso. Ya únicamente quedaban 47 hombres, al mando de Juan Sebastián Elcano

El 11 de febrero de 1522, Elcano salió de Timor en dirección al cabo de Buena Esperanza. El 9 de junio llegó a las islas de Cabo Verde, ocupadas por los portugueses. Nueva huida. Y, por fin, tras una dramática travesía, entraban de nuevo, el 6 de septiembre de 1522, en la bahía de Sanlúcar.

Con esto se demostró la esfericidad de la tierra y se abrieron para España las rutas de oriente. Carlos V revendió las Molucas a Portugal por trescientos cincuenta mil ducados. Los derechos legados a Magallanes no pudieron transmitirse a sus sucesores porque todos murieron prematuramente. Sólo le pudo suceder brevemente su suegro Barbosa. Faleiro, su asociado un tiempo, fue apresado al llegar a Portugal. Aranda, que le allanó el camino, envuelto en infamantes inquisiciones, pierde todo el dinero que por Magallanes había arriesgado. Enrique, a quien había prometido la libertad, vuelve a ser tratado como esclavo. Mesquita, su primo, es aherrojado tres veces por haberle sido fiel; Serrão y Barbosa le siguen en la muerte con pocos días de diferencia.


Estrecho de Magallanes con trazado de la costa antártica imaginarioEl viaje alrededor del mundo:

El hombre que tuvo el coraje de cambiar la historia. Por Giles Milton:

[...] Fernando de Magallanes, un caballero de gran temple, el cual sostenía desde hacía mucho tiempo la creencia de que existía una ruta mucho más rápida hacia las Islas de las Especias que el largo viaje alrededor del Cabo de Buena Esperanza, y estaba seguro de que Cabot había acertado al poner proa al oeste a través del Atlántico. 

En su juventud, Magallanes había viajado a las Indias Orientales, y ciertamente habría regresado allí si las circunstancias se lo hubieran permitido. Pero tras participar en un campaña militar en Marruecos, le acusaron de traición y el rey portugués le informó de que ya no necesitaba sus servicios. 

El rey Manuel había cometido un grave error al despedir a Magallanes, pues éste era un navegante experto y había estudiado a fondo las teorías geográficas de su época. Argumentaba que el único motivo de que Colón y Cabot no hubieran encontrado las Islas de las Especias era que no habían hallado un paso a través del continente americano. Magallanes viajó a la corte del emperador Carlos V de España en 1518informó al emperador de que las islas Banda y las Molucas [eran] el único almacén natural de la nuez moscada y el macis

El rey comprendió de inmediato que Magallanes le ofrecía la mejor oportunidad de poner a prueba la posición al parecer invencible de los portugueses, y le asignó el mando de una flota que zarparía hacia el sur a lo largo de la costa brasileña, buscaría un paso par acceder al océano Pacífico y luego navegaría hacia el oeste hasta llegar a las islas de Banda. 

Es una suerte que Magallanes llevara consigo a un experto llamado Antonio Pigafetta, quien registró fielmente todo lo sucedido en aquella histórica primera travesía española a las Islas de las Especias. El diario de Pigafetta, a su vez, llegó a manos del culto vicario inglés Samuel Purchas, cuya monumental antología de las exploraciones, Purchas His Pilgrimes, inspiraría a los mercaderes aventureros ingleses. La travesía de Magallanes empezó con buen pie: se abasteció de nuevo en las islas Canarias, cruzó el ecuador y llegó a la costa sudamericana al cabo de tres meses. Aquí, el rencor de que se había ido incubando entre la tripulación española y su capitán portugués estalló en un motín, y Magallanes se vio obligado a ahorcar a los perturbadores en un patíbulo levantado a toda prisa. Entonces cesó el motín. 

La atención de los restantes amotinados pronto se desplazó hacia el comportamiento extraordinario de los nativos, entre ellos los pobladores, altos como gigantes, de la Patagonia, de los que observó Pigafetta; "Cuando están enfermos del estómago se meten una flecha hasta media vara garganta abajo, lo cual les hace vomitar bilis verde y sangre". Su remedio para los dolores de cabeza no era menos espectacular: se hacían un corte en la cabeza y así libraban la sangre de impurezas. Y en cuanto percibían los primeros fríos del invierno, "se ataban con cuerdas de manera que el miembro genital quedara oculto en el cuerpo". Un año después de haber zarpado de Tenerife, el barco de Magallanes avanzó lentamente por el estrecho que hoy lleva su nombre y penetró en las cálidas aguas del Pacífico. "Estaba tan contento que las lágrimas brotaron de sus ojos", escribió el redactor del diario de la expedición. Magallanes había estado en lo cierto desde el principio: ahora sólo tenía que seguir las brisas cargadas de aroma de especias hasta las Indias Orientales. 

Por desgracia, no era tan sencillo. Al igual que la mayoría de los exploradores de su época, Magallanes no tenía ni idea de las enormes distancias que debía recorrer y, cuando llevaba más de tres meses en alta mar sin avistar tierra, los tripulantes empezaron a padecer hambre. "Habiendo consumido todas las galletas y otros víveres, cayeron en tal estado de necesidad que se veían obligados a comer los restos pulverizados que quedaban en los barriles, ahora llenos de gusanos y hediondos, como la orina, debido al agua salada. 

El agua potable también estaba putrefacta y se había vuelto amarilla". Pronto incluso los restos agusanados se terminaron, y los hombres se vieron obligados a "comer trozos de cuero, que rodeaban ciertos grandes cabos de los barcos, pero esas pieles eran muy duras, debido al sol, la lluvia y el viento, y las sumergían en el agua, pendientes de una cuerda, durante cuatro o cinco días, a fin de ablandarlas". No era ésa una dieta para hombres enfermos, y pronto se cobró su tributo:

"Debido a esta hambruna y a la sucia alimentación, a algunos las encías se les hincharon tanto sobre los dientes que murieron atrozmente de hambre".

A pesar de las terribles penalidades, los barcos prosiguieron su lento avance hasta llegar a las Filipinas, donde los hombres supieron que se estaban aproximando a su objetivo. Pero Magallanes no estaba destinado a ver las Islas de las Especias, pues cometió el error de involucrarse en una lucha por el poder local y murió en la refriega. Su muerte fue un golpe devastador par todos los supervivientes, y Pigafetta, conmocionado, se esforzó por expresar el sentimiento que les había causado su pérdida: "Allí pereció nuestro guía, nuestra luz y nuestro apoyo". 

Tantos hombres habían muerto que se tomó la decisión de abandonar uno de los barcos. Los buques restantes zarparon hacia la más septentrional de las Islas de las Especias, y avistaron el cono volcánico de Tidore, cubierto de clavo, en la primera semana de noviembre de 1521. De repente las descripciones pintorescas que caracterizan el diario de Pigafetta adoptan un tono más práctico. Los hombres de Magallanes habían recorrido medio mundo a fin de hacer fortuna, y a lo largo de varias páginas Pigafetta registra todos los pesos y medidas concebibles que se usaban en la isla. Cargado con veintiséis toneladas de clavo, nuez moscada y sacos de canela y macis, los dos barcos restantes de la expedición abandonaron finalmente las Islas de las Especias en el invierno de 1521. El Trinidad no llegó más allá del puerto: deteriorado, embarcando agua y con una sobrecarga excesiva, necesitaba grandes reparaciones antes de efectuar el viaje de regreso. 

Tras una emocionada despedida, el Victoria zarpó en solitario. Los hombres se enfrentaban a un espantoso viaje de regreso, y más de la mitad murieron de disentería. Pigafetta, diligente como siempre, anotaba cada enfermedad y muerte, e incluso le parecía digan de mención la manera en que los cadáveres flotaban. "Los cuerpos de los cristianos flotaban con la cara hacia el cielo, pero los indios lo hacían boca abajo". 

Nueve meses después de haber partido de las Islas de las Especias, el Victoria llegó por fin a Sevilla y, tras anclar frente al muelle, "descargó toda su artillería en señal de júbilo". Aunque la tripulación estaba medio muerta y Magallanes había sido enterrado mucho tiempo atrás, el emperador Carlos V no cabía en sí de gozo, y una de sus primeras acciones fue honrar al capitán, Sebastián Elcano, con un escudo de armas en cuyo diseño figuraban tres nueces moscadas, dos palitos de canela y doce clavos. (Giles Milton)

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